Ni el peor de los días tiene más de veinticuatro horas.

domingo, 14 de noviembre de 2010

En días de otoño, como hoy, cuando se hace de noche, se encienden las farolas y las luces de los coches, me gusta abrir la ventana, sentir el viento húmedo y frío en la cara y ver la ciudad. Mientras yo llevo todo el fin de semana en casa, hay vida ahí fuera, a veces no me doy cuenta de eso. 
Entonces me gusta imaginar lo que estará haciendo toda esa gente a lo lejos, entre edificios y coches. Estoy segura de que muchos estarán agobiados por los exámenes como yo. Otros hará años que no tocan un libro, volverán del cine, de tomar algo con los amigos, o estarán viendo el  fútbol. Habrá quien este trabajando. Y joder, entre tanta gente alguien estará llorando, seguro que más de uno. Llorarán porque tienen problemas de pareja, por una película triste, porque discutieron con un amigo ¡qué se yo! Hay mil motivos para llorar... Pero estoy tan segura de que hay gente llorando como de que hay gente riendo. Alguien estará de cumple. Alomejor a algún afortunado le han preparado una fiesta sorpresa. Para algunos será su primera noche de casados, otros dormirán en el sofá... Desde aquí también veo el hospital, habrá personas que estén pasando momentos horribles, mientras otros acaban de ser papás, con una sonrisa de oreja a oreja. 
En fin, ¡mil cosas se me pueden llegar a ocurrir! y me gusta, me puedo tirar horas por la ventana, aunque me congele de frío...

2 comentarios:

Sara Blanco dijo...

Yo, ahora mismo estoy disfrutando de mi noche de insomnio :)

Mi Circunstancia dijo...

He llegado a tu blog, y viéndolo de pasada me ha gustado bastante tu apartado para las cosas que algún día harás, después he leído esta entrada y es muy... natural. Eso sí, espero que no tengas la calefacción puesta cuando abres la ventana.